El abogado
Joan Laporta i Estruch, de 40 años, el más
joven de los seis candidatos que se presentaban a las elecciones a la
presidencia del FC Barcelona, las más concurridas de la historia
del club, es ya el nuevo presidente del Barça, cargo al que accede
con un amplio margen y bajo la bandera de la renovación total y
de la juventud y madurez profesional de los miembros de su candidatura.

Esta está considerada la de los jóvenes triunfadores que
piensan dar los mejores años de su vida al Barça, y con
un gancho de órdago en lo deportivo, el posible fichaje del inglés
David Beckham (Manchester United).
Laporta,
nacido en Barcelona el 29 de junio de 1962, socio número 27.869,
casado y con tres hijos, con el eslogan 'Primero, el Barça', ha
triunfado en su primer asalto al poder en contra de los pronósticos
iniciales que daban como gran favorito al candidato derrotado en los pasados
comicios, el publicista Lluís Bassat, con el que formó hace
tres años y del que se desmarcó para liderar un proyecto
rupturista, y tras haber sido durante años una de las cabezas visibles
de la oposición al ex presidente Josep Lluís Núñez,
contra el que presentó una moción de censura en 1998 como
líder del desaparecido 'Elefante Azul'.
El
abogado, acompañado de otros pesos del ‘Elefante’ como Albert Vicens,
Jordi Moix y Alfons Godall, culmina ahora una trayectoria de barcelonismo
fuera de duda. Colaboró con Angel Fernández en las elecciones
de 1997 y meses después comenzó a promover la moción
contra Núñez que llegó a las urnas pero no prosperó,
obteniendo el apoyo de 24.863 socios frente a los 40.327 que respaldaron
al constructor.
En
los pasados comicios, formó con Bassat y tras la derrota de su
candidatura, rechazó después la oferta que tuvo para integrarse
en la junta de Joan Gaspart.
Tres
años después, Joan Laporta, conocido como Jan entre sus
amistades, es el nuevo presidente del Barcelona, cargo en el que no duda
obtendrá los consejos del ex jugador y ex entrenador barcelonista
Johan Cruyff, quien insinuó su apoyo al abogado a dos días
del final de una campaña electoral que el aspirante empezó
en el vagón de cola y que acabó en primera plaza en la última
encuesta, difundida el último día de la campaña,
a medida que fue creciendo su principal reclamo en cuanto a fichajes,
la posible llegada del centrocampista inglés David Beckham.
Laporta,
de la mano del que será el directivo responsable del área
deportiva, Sandro Rosell, de 39 años y con experiencia en el deporte
de elite como alto ejecutivo de la marca Nike para América Latina,
España y Portugal, logró acordar el traspaso de Beckham
con el Manchester United a la espera del convencer al jugador. Esa difícil
tarea continuará ahora, ya desde la presidencia del Barça,
pese a que según algunos de sus rivales y diversos medios de comunicación
aseguran que la estrella inglesa ha elegido ya otro destino: el Real Madrid.
Para
su proyecto deportivo, apuesta por el ex jugador barcelonista Aitor 'Txiki'
Beguiristáin para el cargo de director deportivo y por el técnico
holandés Guus Hiddink para el banquillo, aunque ambas incorporaciones
están pendientes de confirmación oficial y no fueron armas
electorales, y cuenta además con un fichaje plenamente confirmado
para la portería.
Se
trata del portero internacional turco Rustu Recber, una de las revelaciones
del pasado Mundial de Japón y Corea del Sur, que deja el Fenerbahçe
sin coste de traspaso en la que será su primera experiencia fuera
de su país.
En
total, la candidatura de Laporta anunció cinco fichajes para el
equipo de fútbol, los de dos 'cracks', de los cuales uno sería
Beckham y el otro podría ser el delantero brasileño Ronaldinho
Gaucho (Paris Saint Germain), con el que también mantuvieron contactos;
y los de tres jugadores considerados excelentes, uno de ellos el portero
turco Rustu. En fichajes, los responsables de la formación anunciaron
una inversión neta de 50 millones de euros –incluida la compensación
por traspasos de algunos jugadores de la actual plantilla-.
Esa
inversión forma parte del denominado 'círculo virtuoso'
para el resurgir del Barça, mediante éxitos deportivos que
generen mayor ilusión e ingresos, un proyecto que busca situar
el club en la primera línea mundial deportiva y médiática.
Mantener la independencia del Barcelona frente a grupos financieros y
políticos y no vender patrimonio del club son otros puntos de su
ambicioso programa, así como un mayor compromiso de catalanidad.
Es
la apuesta por una profunda renovación de estructuras, de estilo
y de personas que promete, entre otras cuestiones, una importante reducción
de la partida de gastos y un notable aumento de los ingresos, entre los
que se incluye un acuerdo para lucir publicidad en las camisetas del equipo
de fútbol, lo que romperá un tabú histórico
de la entidad. Por diversos conceptos (derechos TV, merchandising, entre
otros), Laporta aspira a lograr a medio plazo un volumen de ingresos de
200 millones de euros anuales.

El joven
abogado rompe con viejos tabús del barcelonismo, impulsado por
una ola de entusiasmo popular
Parece mentira, algo irreal. Incluso increíble, más digno de una futurista
película de ciencia ficción. Pero el abogado Joan Laporta
Estruch (40 años, socio 27.869, casado con Constanza Echevarría,
padre de Pol, nueve años, Guillem, seis, y Joan, de cuatro) consumó
ayer la gran revolución en el barcelonismo. Cinco años después
de liderar una moción de censura contra Josep Lluís Núñez
bajo el manto de
L'Elefant Blau, ese joven, a quien un periodista inglés definió
como el Kennedy del Barça, trae el cambio radical al Camp Nou.
Porque nada será igual a partir de ahora.
El mundo y el fútbol, sacudido por una profunda crisis económica,
han cambiado. El Barça, también. Aunque Jan siempre recurre
a las raíces y al sentimiento de catalanidad, perdido en el túnel
del tiempo, el més que un club busca su lugar en el nuevo siglo.
Y todo por la osadía, rayando casi en la inconsciencia juvenil,
de un abogado que desoyó a su padre --un médico que no logró
convencerle de que siguiera el mismo camino--, a su suegro --el influyente
Juan Echevarría, expresidente de Nissan--, a sus íntimos
amigos y hasta a sus rivales. "No lo hagas, Jan. Todavía eres
muy joven. Prepárate y dentro de cuatro años serás
un buen presidente para el Barcelona", le decían. Pero se
adelantó al tiempo.
Todos coincidían en ese diagnóstico. Todos, excepto Jan,
el hombre que se paseó ayer por el Miniestadi escoltado por el
grito de "presidente, presidente", el mismo que firmaba bajo
un abrasador sol más autógrafos que una megaestrella futbolística
mundial. Aquel niño que soñaba ser el heredero de Johan
Cruyff en el Camp Nou --"siempre llevaba el 9 y si no, pedía
el 14"-- ha marcado el gol de su vida. Y no ha sido en el campo.
En la última semana de campaña, cuando las encuestas le
daban ya como ganador, y en una de esas centenares de entrevistas que
ha concedido, alguien le preguntó si tenía la sensación
de ser el Joan Gamper del siglo XXI. Laporta, como es obvio, contestó
que no, pese a ser consciente de que se enfrenta, 103 años después
de la fundación del Barça, a la dura reconstrucción
de una entidad histórica.
Devoción
religiosa
El Camp Nou está ahora como la zona cero de Manhattan tras el ataque
del 11-S a las Torres Gemelas. En ruinas. Haga lo que haga Laporta, su
mandato marcará una frontera en el barcelonismo. El socio, harto
de todo, se ha puesto en las manos de Jan, a quien se ha encomendado con
una devoción insólita, como si fuera el dios que le librará
de todos los males vividos en los últimos tres años. Tiene
Laporta, como Kennedy, que fue presidente de Estados Unidos con 43 años,
tras derrocar al candidato republicano Richard Nixon, un eslogan. Sin
pronunciar, por supuesto, el mensaje que soltó el que fuera legendario
inquilino de la Casa Blanca a inicios de la década de los 60. "No
te preguntes lo que América puede hacer por ti, sino lo que tú
puedes hacer por América" pregonó Kennedy. Pero Laporta
sí tuvo una idea --"devolver al Barça a la primera
línea deportiva y mediática mundial"--, un gancho extraordinario
(David Beckham, aunque sostiene que nunca ha prometido su fichaje, sólo
presume de tener un acuerdo con el Manchester) y, sobre todo, una fórmula
--el círculo virtuoso-- para lograrlo.
Como Felipe González
Más allá de ese aire kennedyano que le otorga el carisma
mediático que posee --"la cámara se enamora de él",
cuentan orgullosos sus asesores--, Laporta es al barcelonismo, visto lo
de anoche, lo que Felipe González representó en la política
española. Un joven sevillano (tenía entonces 40 años)
enganchado a un eslogan --Por el cambio-- que cautivó a 10 millones
de españoles con su mayoría absoluta en 1982.
Pero Jan no lleva la chaqueta de pana de Felipe. Él viste de forma
moderna, con look americano, atiende a la prensa en catalán, castellano
o inglés y también tuvo un sueño. Quiso ser delantero
para imitar a Cruyff y cuando se despierte hoy será presidente.
