Martes, 13 de Enero de 2004 a las 10:05
• Ronaldinho dice que la 'elástica' que le hizo a Cuartero la copió de Rivelino y la practica desde niño Genuinamente brasileño
JOAN DOMÈNECH
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| Foto: Helen Torno
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"Cuando era pequeño, mi padre me decía que nada de regates, que en cuanto recibiera el balón diese dos toques y lo pasara. Cuando eres un crío siempre obedeces". Si su padre le hubiera visto el domingo frente el Zaragoza, estaría orgulloso de él. Por dos motivos. El Ronaldinho adulto es un jugador que no abusa de su individualismo para el lucimiento personal. Pero también estaría orgulloso de él por el maravilloso regate que le hizo a Cuartero y que todas las televisiones repitieron para descubrir el secreto de esa jugada.
Si viviera, Joao da Silva Moreira no tendría nada que recriminarle, aunque habría deducido que Ronaldinho le engañaba. Que, en realidad, su hijo practicó horas y horas ese quiebro a escondidas, conocido en Brasil como la elástica. Un regate que tiene creador. Roberto Rivelino, un exquisito futbolista que aunaba técnica y potencia, y que tuvo la desgracia de heredar luego el 10 de Pelé, bautizado en el Mundial de México-70 como la patada atómica, es el inventor de la elástica.
"Rivelino fue el primer jugador a quien vi hacer ese regate", explicó ayer Ronaldinho sin darle apenas importancia a esa acción. "Me sale con naturalidad", dijo, admitiendo que lleva muchísimos años ensayando ése y otros quiebros. Pero hubo mucha gente que sí le dio importancia. Y el primero fue Carlos Cuartero, el capitán del Zaragoza. El defensa tuvo la desgracia de ser el marcador del mediapunta azulgrana, el rival que estaba enfrente cuando Ronaldinho tuvo esa genialidad y, además, el autor del penalti sobre Luis García que supuso el 2-0. Ayer no quería hablar del amargo partido en el que cobró un desafortunado protagonismo.
'Cola de vaca' y 'bicicleta'
La elástica de Rivelino volverá a estar de moda gracias a Ronaldinho, que como miles de niños brasileños intentaba copiar los gestos de sus ídolos, ya fuera en la calle, en un descampado, o en sus inicios en el fútbol sala. "Era más difícil hacerlo con el balón pequeño", recordó. También otros célebres regates tienen paternidad. A Romário se le atribuye la cola de vaca --rabo de vaca para los brasileños-- que le hizo a Alkorta en el Barça-Madrid del 5-0 (1993), como a Ronaldo se le asocia con la bicicleta, el engaño que suele utilizar para desbordar al contrario.
La jugada de Ronaldinho es una variante más complicada del regate de Romário, porque simula el golpeo de balón hacia la derecha para recogerlo inmediatamente y salir por la izquierda. Para ejecutarlo se necesita una gran potencia en el muslo y una enorme capacidad de giro y elasticidad --de ahí su nombre-- en el tobillo. "No salió perfecto. Para que sea perfecto, el balón no se puede despegar del pie", comentó ayer Ronaldinho, tras el entrenamiento.
Pero se necesitan muchas más cosas. Horas de práctica. Talento, técnica, atrevimiento. "Y estar uno contra uno frente al defensa y tener espacio para salir", añadió, antes de marcharse del Camp Nou y tramar, en casa y con un balón a mano, la próxima diablura.