Sabado, 31 de Enero de 2004 a las 11:58
• El enfado de Ronaldinho tras su sustitución en La Romareda abre un nuevo frente para Rijkaard La estrella deja de reír
MARCOS LÓPEZ
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| Foto: Jordi Cotrina
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Lo último que le faltaba al Barcelona era ver a Ronaldinho triste. Sin ganas de sonreír. Y cuando el brasileño no disfruta, el equipo se deprime todavía más. Si la estrella se enfada, Rijkaard tiene otro grave problema porque nadie es capaz de sustituir su talento y magnetismo.
A >> Primer desencuentro serio con Rijkaard
Hasta ahora, Ronaldinho mantenía una relación exquisita con Rijkaard. Todo eran buenas palabras y no se había producido ningún desencuentro. Ni siquiera el pasado domingo cuando el técnico lo quitó en Sevilla y el brasileño dejó para el recuerdo un gesto inédito. Estaba sentado en el banquillo del Sánchez Pizjuán, con el Barça defendiendo como un equipo menor el tanto de Kluivert, con un rostro serio y apesadumbrado, que no se le conocía aún en Barcelona. Nada, sin embargo, comparable a lo que sucedió en La Romareda porque Rijkaard fue más lejos.
Más lejos que nunca fue el técnico ya que lo sacó cuando más lo necesitaba el Barça. Lo sacó cuando estaba a punto de lanzar un córner, obligándole a recorrer media Romareda bajo el escarnio del público, provocando otra imagen inédita de Ronaldinho. Maldiciendo y renegando del cambio, transformado por una noche en un jugador marginal y prescindible.
B >> Un antes y un después de la lesión muscular
El rendimiento de Ronaldinho se divide, de forma bien clara, en antes y después de la lesión muscular. No ha sido el mismo jugador desde que se rasgó cinco centímetros del bíceps femoral de la pierna derecha el pasado 9 de noviembre frente al Betis. Hasta ese momento, el brasileño había dibujado una curva ascendente, firmando ocho goles en 15 partidos, superando en Barcelona todos sus registros personales. Pero al entrar en la enfermería y perderse cinco encuentros, nada fue igual. Cuando regresó Ronaldinho lo hizo con un gol --al Espanyol en Montjuïc--, pero no tuvo la frescura ni chispa que le acompañó en un espectacular inicio de la temporada.
La lesión ha tenido un coste muy caro para el brasileño. Y no tanto por los goles logrados --cuatro en 11 partidos, tres de ellos de penalti-- sino porque sus piernas no le respondían con la eficacia que antes. Y Ronaldinho no parece Ronaldinho.
C >> La condena a la banda limita su creatividad
Tal vez sea pura casualidad. Pero desde que ha llegado Edgar Davids al equipo, con el consiguiente movimiento de piezas ordenado por Rijkaard, ha terminado con Ronaldinho exiliado en la banda izquierda. Y ahí, pegado a la cal, no se siente cómodo porque pierde más de medio campo de vista, a pesar de que el técnico reveló que fue el propio jugador quien eligió esa zona del campo para disfrutar de la libertad táctica que le otorga. Sea de quien sea la decisión, resulta obvio que la influencia de Ronaldinho en el juego del Barça ha disminuido en estos cuatro últimos partidos --no ha marcado ningún gol y ha sido sustituido tanto en Sevilla como en Zaragoza--, coincidiendo además con sus problemas físicos.
Con Davids en el centro del campo, el brasileño tenía, en teoría, alguien que le barriera la basura a su espalda para que él se dedicara sólo a construir en ataque. Nada de eso ha ocurrido en realidad porque desde que Rijkaard introdujo a tres centrocampistas, dos de corte defensivo (Cocu y Davids) y hasta Gerard llegó a jugar un día con ellos, la alegría de Ronaldinho se ha ido extinguiendo. Sólo tiene a Xavi como socio para mover la pelota y resulta tan previsible el juego azulgrana que hasta el brasileño parece un futbolista del montón.