el entorno . com  -  Noticiario del Barça
  7 de Septiembre de 2008     Edición de las 23:37 h.  


 
Fútbol

Ver noticias de luis_enrique
Lunes, 17 de Mayo de 2004 a las 9:42
• El capitán azulgrana recibió el emotivo homenaje del Camp Nou, que le despidio puesto en pie
La última tarde con Luis Enrique


DAVID TORRAS
 Foto: Jordi Cotrina

PUBLICIDAD
Muchos años después, frente a uno de esos partidos que se acaba jugando con la memoria, Luis Enrique había de recordar aquella tarde remota en la que el Camp Nou se puso en pie y le dio el último abrazo. Aquella tarde inevitable en la que dijo adiós a quienes más le quisieron, y dejó atrás algunos de los mejores años de su vida, tiempos de grandes ilusiones y de grandes desengaños porque así era el Barça de entonces, y el de antes y el de después. En ese Barça, y en el de siempre, Luis Enrique es uno de esos nombres que siempre ganarán cualquier partido, incluso el de la memoria porque con él nadie sucumbirá al olvido. "Es la cara del Barça", dijo con admiración el más admirado, Ronaldinho. Es difícil olvidar a alguien que nunca se ha hecho el olvidadizo en el campo, un gesto que en un mundo sin compromiso resulta excepcional. Luis Enrique nunca ha tenido la tentación de querer pasar desapercibido y quedarse en tierra de nadie, ese paraíso donde viven un sinfín de futbolistas para los que rendir cuentas no es más que ir de visita al banco y ver engordar los ceros de sus rentas. Así que ahora, consciente de que ya no es el que era, recién cumplidos los 34, Luis Enrique no ha querido seguir ese camino en el Camp Nou y ha cerrado una aventura de ocho años, una decisión de la que ayer no quiso dar más detalles: "Sigo fiel a mi estilo y a mis principios y hablaré cuando acabe la temporada". Luis Enrique se va, pero en el fondo nunca acabará de irse. "Ha sido un día grandioso y me siento un privilegiado. Es difícil devolver tanto cariño. Aquí me siento como en mi casa, de hecho es mi casa". Colgados de sus brazos, sus hijos Pacho y Sira también pudieron sentir el cariño de los miles de corazones que ayer, como siempre, estuvieron al lado de quien les conquistó pese a venir de donde venía. Al final, a la afición le ha pasado lo mismo que a él, que ha dejado de reconocerle vestido de blanco, como si aquel pasado no hubiera existido jamás y formara parte de una historia no recordada o sólo recordada en el Bernabéu. Allí sí que no han olvidado lo que fue y mucho menos en lo que se convirtió, uno de los símbolos culés. En el fondo, nunca se sintió uno de los suyos. Así que acabó peleándose con el Bernabéu, convertido en una especie de oveja negra, y entonces apareció el Barça. Y hasta ahora. Ocho años. Una larga historia de amor que ayer vivió un punto y seguido porque hay historias que nunca acaban. Luis Enrique jugó ayer su último partido en el Camp Nou. Era un día especial, aunque seguramente él intentó abstraerse de ese entorno, y actuar como siempre. Pero no debió de resultarle fácil. En cuanto salió al campo a calentar, después de haber estado a punto de no hacerlo por culpa de un virus, y echó un vistazo al estadio, pudo leer un sinfín de pancartas con su nombre. La mayoría tenían el mismo mensaje: "Gràcies Luis Enrique". Sí, por encima de todo, la afición siente agradecimiento por estos ocho años, por esos 300 partidos de sacrificio, por los 109 goles pero, sobre todo, por ese espíritu indestructible que tanto se echa en falta en otros futbolistas. Después de fotografiarse con sus hijos, apareció en escena un grupo de niños con el número 21 a la espalda, portando una réplica gigante de la camiseta del capitán. Puyol se abrazó a él. El defensa no podía faltar a la cita de su mejor amigo y, seguramente, aceleró su recuperación para estar ahí. Él fue también el que le dio el primer pase y, curiosamente, apenas ocho minutos después de que Luis Enrique se retirara, Puyol sufrió la primera expulsión de su carrera. El partido fue lo de menos, aunque Luis Enrique debió jugarlo como cualquier otro y, por eso, no quiso lanzar el penalti que Ronaldinho le ofreció --"no era un partido de solteros contra casados", explicó el asturiano con toda la naturalidad del mundo-- y que después quiso compensar regalándole un gol que el poste le arrebató. "Me ha fastidiado porque podía decidir el partido y por la gente, que tenía ganas de que marcara", dijo. Habría sido un buen recuerdo, pero se quedó en una anécdota ante lo que ocurrió en el minuto 58, justo después de que casi se dejara la cabeza en un intento de remate. Ni siquiera en el último momento se arrugó. El Camp Nou empezó a sentir el cosquilleo del adiós y, puesto en pie, coreó su nombre. El juego se detuvo. "Por un jugador así, vale la pena parar un partido", dijo Lucas Alcaraz. Y vaya si se paró. Luis Enrique recibió el reconocimiento de quienes más le respetan: sus compañeros. Fue un momento mágico. Uno de esos episodios inolvidables que fortalecen los sentimientos de este club. "Hablamos de un jugador que ha representado el sentimiento del socio, del Barça, luchando siempre en el campo. Un profesional ejemplar, un gran campeón, un hombre muy especial", admitió Frank Rijkaard, uno de los grandes devotos del jugador hasta el punto de que no le importaría seguir teniéndole a su lado. Pero Luis Enrique no quiere estar de más y, ahora, sólo le queda decidir cuál será su próximo paso, y si aún es pronto para ir a Australia a hacer surf y recordar la tarde de ayer.


 

elentorno.com. © Copyright 2000-08, Todos los derechos reservados
Todas las marcas y logotipos son propiedad de sus respectivos dueños.