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  21 de Noviembre de 2008     Edición de las 23:02 h.  


 
Fútbol

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Miercoles, 24 de Octubre de 2007 a las 0:23
El Barça se marcha de Glasgow sin marcar ni un gol


MARCOS LÓPEZ
 Iniesta rodeado de contrarios en Glasgow
 Foto: Jordi Cotrina

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Con el balón empezó el Barça la noche en Glasgow, y con el balón terminó, pero se marchó, eso sí, sin marcar ni un gol. En Ibrox, el Rangers y su gente festejaron el empate como si se tratara de un triunfo espectacular, mientras que Rijkaard tiene motivos para sentirse tranquilo. Y al mismo tiempo inquieto.

Tranquilo porque el Barça jugó mejor, disparó más que el rival, aunque le faltó pegada, le escamotearon un penalti clarísimo y la clasificación a octavos parece encarrilada. Inquieto porque tras llegar a las Islas presumiendo de un ataque de ensueño --Messi, Ronaldinho y Henry-- vuelve a casa sin haber podido doblegar a un limitadísimo Rangers.

Enorme decepción
Terminada la primera parte, el Barça ya sabía lo que le esperaba porque se fue al vestuario dejando tras de sí un rastro de enorme decepción. No por su juego, que silenció el ruidoso Ibrox, sino porque tuvo el partido en la mano y lo dejó escapar. Del Rangers se temía especialmente su fuerza física. Son altos y fuertes, eso salta a la vista. Pero nada más. A fútbol no jugaron. Parecían asustados, acobardados por la colección de estrellas que tenían enfrente. Ni siquiera presionaron, como si ese respeto --¿o era miedo?-- paralizara el juego primitivo que practican desde hace más de un siglo.

Ese temor se contagió a la grada. En campos así, hay veces que no se sabe quién juega más el partido. Si los futbolistas o los aficionados. Repentinamente miles de escoceces callaron, mientras el Barça, con un pulcro y aseado fútbol, llegaba como Pedro por su casa a la cercanía del área del Rangers. Varias ocasiones de peligro, pero ningún gol.

A cámara lenta iba el equipo de Rijkaard, fluyendo la pelota de los pies de Iniesta y Xavi, conectando con Gudjohnsen, fiable como centrocampista, estableciendo un sencillo lenguaje con Ronaldinho, disfrazado de nuevo de delantero centro. ¿Y Henry? Está, pero no está. Llega tarde a los pases cae en fuera de juego y comete errores indignos de alguien que se llama Thierry Henry. Es como si aún no hubiera salido del armario, desubicado en el andamiaje táctico del Barça, anoche arrinconado en la banda izquierda.

Puyol, de lateral derecho
Justo en la otra punta del campo donde corría Puyol, quien redescubrió sensaciones que tenía perdidas desde hace cuatro años. Con Rijkaard empezó de lateral derecho --Thuram salió para dominar el juego aéreo con Milito-- y con Rijkaard ha vuelto a la banda, creando, aunque suene a herejía, más peligro que Henry.

Un poderoso cabezazo del capitán provocó un bello vuelo de McGregor, el meta del Rangers, para evitar el primer gol azulgrana. No solo eso. También se atrevió Puyol a tirar un caño en el área escocesa generando el pavor en Ibrox, mientras Ronaldinho, a balón parado, asustaba más al rival, estrellando incluso una envenenada falta en el larguero.

A pelotazos
Lanzó tres faltas en apenas 45 minutos y del brasileño fue el delicioso pase bombeado para el estético cabezazo del capitán. Pero, todo hay que decirlo, se movió por el campo con un cierto aire burocrático, sin buscar apenas el uno contra uno, provocando un penalti que no vio el árbitro. No regateó, no desbordó, huyendo del área del Rangers para tener mayor panomárica del partido. Pero más lejos de donde antes hacía daño.

Así fue también en la segunda mitad cuando el Rangers, de forma circunstancial, se enganchó a las galopadas de Hutton, un destartalado lateral derecho, para asomarse a la nariz de Valdés.

¿Cómo? Con pelotazos. No saben de otra forma. Fue entonces cuando el Barça decidió que tenía que acabar el partido como lo empezó. O sea, con el balón en los pies. Lejos de McGregor, huyendo de cualquier tentación suicida. Una vez comprobado que no marcarían un gol ni al Arco Iris, los azulgranas claudicaron.

Hace daño a la vista ver a Messi y Ronaldinho pasándose el balón a 30 metros de la portería del Rangers. Tal vez, alguien se sienta traicionado por esa insólita dimisión. Pero el Barça miró el reloj, hizo cuentas y pensó mejor un empate que hacer el bobo. La Escocia protestante se fue contenta a casa. El Barça se llevó el balón, pero no el partido.


 

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