Sabado, 10 de Noviembre de 2007 a las 11:20
• La desastrosa eliminación de la Copa arrastró la temporada pasada al Barça al fracaso total Detrás de la gran derrota
MARCOS LÓPEZ
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Aquel jueves de mayo, Messi no estaba. Aquel jueves de mayo, Messi se quedó en casa, mientras el mundo llevaba dos semanas sin parar hablando de lo mismo. Como si en el fútbol solo existiera Maradona y Leo. En realidad era así. Dos genios, argentinos ambos, unidos por dos goles. El original fue dibujado en México hace 21 años y la copia, tan mimética que llegó a confundirse con la auténtica, creada en el Camp Nou. Pero, mira por donde, aquel gol no valió para nada porque el Barcelona lo ensució con la mayor derrota nunca vista con Rijkaard en el banquillo.
Ni con un 5-2 logrado en la ida, al amparo de un Messi celestial, el equipo llegó a la final de la Copa del Rey. Perdió 4-0, tiró el cuarto título de la pasada temporada tras perder la Supercopa de Europa, el Mundial de clubs y la Champions antes de que el Madrid se llevara la Liga. O sea, arrastró a los azulgranas al fracaso total y abrió la puerta del Bernabéu a Bernd Schuster, el técnico que enterró al Barça de Messi. Con Leo, todo hay que decirlo, no pudo. Con el recuerdo de su gol, tampoco. Pero aquel 10 de mayo se consumó el caos.
La vergüenza de Frank
Hasta Rijkaard, un técnico prudente, sosegado, silencioso, se enrojeció de repente.
"Tengo que pedir disculpas a los socios", dijo con ese hilillo de voz que le caracteriza, zarandeado por un 4-0 que nunca olvidará.
"No hay excusas, ha sido una de las noches más duras de mi carrera", añadió el técnico aún en Getafe, el lugar del crimen.
"Es culpa nuestra, pero no es el final de un ciclo", añadió también Puyol, el capitán.
"Cuando vi que con 2-0 en contra, y en puertas de una final de Copa, el equipo no reaccionó, pensé que todo se había acabado", confesó meses más tarde Txiki Begiristain, el secretario técnico azulgrana. Cierto. Todo terminó.
De Messi ni rastro. Se había quedado en Barcelona porque Rijkaard le dio descanso. Después de su gol no ha vuelto a Getafe. Hoy, Leo sí estará en el campo. Rijkaard, también.
"Eso es historia", dijo ayer el técnico. Tenía pocas ganas de recordar el desastre. Parecía empeñado en borrar de su memoria aquella trágica noche de mayo.
"Ahora hay otro entrenador, el Getafe es distinto, aunque eso supone una motivación añadida".
Aire de revancha
No está el altivo y arrogante Schuster. Ahora su lugar lo ocupa un elegante y educado Laudrup. Pero esta noche, minutos antes de empezar el partido con el Getafe, Rijkaard lo tendrá fácil para motivar a su equipo. Solo con que le recuerde el marcador del último partido sabrán los jugadores lo que no deben hacer. Aunque lo oculten, es obvio que un aire de revancha preside el duelo. No es de Copa. Solo de Liga. Una jornada más, dirán todos. Pero no es así.
"Todos debemos estar atentos por lo que sufrimos en este campo", admitió Rijkaard. Un sufrimiento que no olvida. Y, a su manera, tampoco perdona. Y, por supuesto, no desea que se repita otra vez.
"Tenemos que prepararnos de la mejor forma para este encuentro", casi suplicó el holandés.
"Pero no creo que debamos hablar ya de aquel 4-0".