Domingo, 2 de Diciembre de 2007 a las 0:34
• Los azulgranas se adelantaron en el marcador y no supieron sentenciar La aparición de Coro evita que el Barça se lleve la victoria
JOAN DOMÈNECH
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Un tiempo para cada equipo y un punto para cada uno. El derbi del equilibrio se trasladó al campo y los irreconciliables enemigos se marcharon a casa contentos y cabreados por igual, dejando las cosas como estaban y emplazándose a un nuevo reto en la segunda vuelta. El Barça sigue sin ganar fuera de casa y el Espanyol sigue sin adelantar a su máximo rival en la tabla, en ese salto de calidad y autoafirmación que perseguía.
Los azulgranas mandaron en el campo en el inicio, con un gol de Iniesta, dos remates al larguero y varias coladas de Messi que hicieron enmudecer Montjuïc. Los blanquiazules rescataron el orgullo tras el descanso y restablecieron por la vía pasional el empate en la segunda mitad, rescatando al hombre de los goles mágicos, Coro, para que anulara el tanto de Iniesta.
La mano de Valverde
Ninguno de los dos equipos hicieron nada extraordinario en el derbi. Valverde demostró una vez más la buena lectura que hace de los partidos para cambiar la cara de su equipo, modosito y demasiado prudente en el primer tiempo. Tras el descanso se vio otro Espanyol. El mismo que había contemplado el buen juego del Barça fue capaz de encerrarle en su parcela durante la segunda mitad.
Descartada por poco fiable la fórmula de los
tres pequeños en el centro del campo, Rijkaard la ha trasladado a la delantera. Y ahí, funciona. El Barça sin kilos ni centímetros en la delantera, apabulló al Espanyol. El talento no se mide con números y, por eso, con una tripleta formada por Messi, Bojan e Iniesta, los azulgranas pueden ir donde quieran.
Es una forma de intimidar como otra, como la física, como la que empleó el Espanyol. Porque esos tres
niños --Iniesta es el mayor, tiene 23 años-- intimidan. Asustan. Aunque parezca ridículo. Tal vez se les pueda acobardar, pero si se ponen a hacer diabluras montan un lío de órdago. Lo experimentó el Lyón el martes y volvió a sufrirlo anoche el Espanyol, que jugó tan condicionado con el gol en el minuto seis como por las frecuentes irrupciones de los delanteros azulgranas en el área.
Ronaldinho, suplente
Bojan ya se había escapado en el primer cuarto de hora de Jarque y Torrejón, los dos guardianes del Espanyol; Messi le ganó a Clemente todas las carreras a las que le retó, e Iniesta apareció para marcar el gol como un delantero centro de toda la vida. El segundo en cinco días, en la posición que parecía propiedad
in eternum de Ronaldinho. El brasileño volvió a sentarse en el banquillo, al lado de Ezquerro. Iniesta reforzó y avaló la elección del técnico, si es requería ser reforzada y avalada.
Con un ojo atrás, el Espanyol nunca se estiró en el campo. A la que lo intentaba recibía otro aviso. Por fortuna, fueron avisos y no sufrió más daños, salvado dos veces por el larguero en sendos remates de Xavi y Bojan. Tamudo fue un náufrago, aislado por los cuatro defensas del Barça. Puyol reemplazó a Zambrotta como lateral, en la única variación barcelonista respecto a la alineación de la Champions.
Reacción blanquiazul
Sin un organizador nato --Moisés y Ángel no se dedican a crear juego--, sin que Valdo ni Riera encontraran tampoco la forma de penetrar por las bandas. Valverde tuvo que excitar los ánimos de los suyos en el descanso para que forzaran la vía pasional, apretando más en los marcajes. Riera, por ejemplo, empezó a ayudar al desbordado Clemente y Luis García se puso a incordiar a todos, obligando a Milito a soltar los primeros balonazos desde atrás. Por ahí pudo adelantar las líneas y despertar, al menos, el empuje de la grada, que no tuvo nada bueno que llevarse a la boca en el primer tiempo.
El encontronazo y la refriega sirvieron para encerrar al Barça, que acentuó las precauciones y ese tic de especulador que le surge de vez en cuando. Messi, muy cansado, y Ronaldinho, huérfano de la genialidad que le permitía decidir partidos, no acertaron a decantar la balanza en el tramo final. En el fondo, el Barça demostró no se siente un equipo seguro de sí mismo cuando está lejos de casa. Aunque sea Barcelona.