Domingo, 17 de Febrero de 2008 a las 11:41
• El brasileño, obsesionado por marcar, asumió la responsabilidad de lanzar el penalti que dio la victoria al Barça Y 'Ronnie' se atrevió
MARCOS LÓPEZ
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Ronaldinho celebra el gol que supuso el triunfo en La Romareda Foto: Jordi Cotrina
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Salió en el minuto 73 y 22 segundos. A los 14 segundos, Diogo ya le había hecho falta. Al minuto, el que se le tiró encima fue Sergio Fernández. A los dos minutos, era él quien se hacía un lío y rodaba por los suelos. Pero Ronaldinho sabía ya que iba a tener alguna oportunidad. Es posible que miles de seguidores azulgranas adivinasen anoche la luz al final del túnel.
La película era, más o menos, muy parecida, por no decir idéntica, a la de partidos anteriores en los que, de nuevo, Ronaldinho aparecía escondido en el fondo del banquillo azulgrana. Y, de nuevo, como ya ocurriera frente al Villarreal en partido copero o ante el Sevilla en encuentro liguero apareció para rescatar a su equipo.
Ganas de golear
¿Quién no recuerda la pleitesía demostrada por su amigo Messi --por cierto, un filigranero que cada vez se va menos del rival-- cuando le ofreció lanzar aquel penalti nada más aparecer en el césped? ¿Quién no recuerda aquellas cinco faltas lanzadas, simplemente porque es el
jefe, ante el Sevilla? ¿Quién no recuerda que Xavi o Márquez se quedaron con las ganas de birlarle alguna, una sola? ¿Quién no recuerda que tres chocaron idiotamente contra la barrera, una la detuvo De Sanctis y la otra se fue a las nubes?
Aquellos eran los precedentes que demostraban el hambre de Ronaldinho. Cierto, nada que ver con la posibilidad de volver a ser el que fue, pero señal inequívoca de que quería marcar, de que quería resucitar, de que quería contribuir a restar diferencias.
Así que cuando anoche, en un partido desencantado, en un momento de incertidumbre, de casi derrota, Rijkaard lo metió en el campo, Ronaldinho buscó su oportunidad. Siguió sin irse de nadie. Chocaron con él y lo tiraron. Hizo dos asistencias de las suyas y, de pronto, volvió a tener su oportunidad.
Penalti o no, Ronaldinho se aposentó sobre el punto fatídico. Le entregaron el balón. Lo puso sobre el punto de penalti. César le miró mal, feo, muy feo. Ayala pasó por su lado y, desde luego, no le dijo piropo alguno. Pero él, Ronaldinho, sabía lo que se jugaba. Dio cinco pasos, armó su pierna derecha y superó a César con solvencia. Hacía ocho jornadas que el Barça no metía dos goles. Anoche los hizo. El segundo fue de
Ronnie. Que volvió.
"Ha tenido mucha sangre fría pues ese gol era muy, muy, importante", dijo Frank Rijkaard elogiando la determinación del delantero brasileño.
"Creo que Ronaldinho ha cumplido muy bien. Ha tenido muy buenos detalles, como esa última oportunidad que desperdició, ha jugado con inteligencia provocando faltas y ganando tiempo para que el equipo respirara. Ojalá siga en esa línea de mejora", terminó diciendo el técnico, siempre positivo.